Hansel y Gretel se lo montan... ¡con un pato!

Si a todos cuantos leéis habitualmente este blog una servidora os tuviera que descubrir a estas alturas el cuento de Hansel y Gretel, también conocido como “La casita de caramelo”, de chocolate, de turrón, de gominola o cualquier otra chuche que se os pudiese pasar por la imaginación, mal íbamos a andar. Sin embargo y, a pesar de todo, lo haré porque estoy segura de que algún detalle de la historia lo tenéis olvidado en algún rincón de la tenebrosa nube de vuestros recuerdos infantiles.

Bien, vamos allá. Aunque existen distintas versiones del cuento de los hermanos Grimm, más o menos el rollo iba de lo siguiente: Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana. Ay, perdón, que eso no va aquí. Empiezo otra vez: Hace mucho, mucho tiempo, había dos hermanos, Hansel, el niño y Gretel, la niña. Ambos vivían en una humilde casita en el bosque, junto a su papá, que era leñador (en aquella época aún había árboles que talar) y su mamá, que era mamá. La verdad es que el negocio familiar no iba todo lo bien que sería deseable y pasaban más hambre que los becarios Erasmus y mucha más aún que los investigadores del CSIC. En una noche de calor insoportable en que la mamá sedujo al papá, tras el cigarrillo de rigor, aquélla le propuso a éste abandonar a los dos niños a su suerte, en lo más profundo del bosque. Dos bocas menos que alimentar le proporcionarían a la malvada seductora sustento y pitanza para poder subsistir, asistir a la pelu y poder estrenar su decimosexto par de zuecos. Al papá no le pareció una mala idea, pues llevaba algún tiempo con ganas de suscribirse a algún canal temático de deportes y ésta era la oportunidad pintiparada. Acordaron, pues, llevar acabo su diabólico plan, sin más dilación, al día siguiente.

Al amanecer, salieron todos de casa con la excusa de visitar Disney de los Bosques. Hansel y Gretel habían escuchado la malvada conversación de sus padres y, para no perderse, se les ocurrió que podrían ir dejando Gormitis por el camino. Cuando se dieron cuenta de que sus padres no estaban, desandaron el trecho hasta su casa con ayuda de los monstruitos de plástico. Al llegar a su hogar, amenazaron a sus progenitores con denunciarlos por maltrato, pero la cosa se apaciguó porque éstos les prometieron a los niños que al día siguiente contratarían la ADSL más veloz del mercado (evidentemente, el país de Hansel y Gretel no era España). Con el fresco del alba al día siguiente, su padre cogió a los niños de la mano y les pidió que lo acompañaran hasta la oficina de telefonía más cercana. Los hermanos, curados de espanto y con el mp3 detrás de la oreja, no se fiaron. Sin embargo, en esta ocasión, tan sólo pudieron esparcir por el sendero unos tristes "tazos" de cartón reciclado. Al cabo de un buen rato de caminar, la infame figura paternal se la volvió a jugar, aprovechando una distracción de los niños con la PSP. Hansel y Gretel intentaron encontrar el camino a casa, pero se había levantado un vendaval terrible y, claro, la PSP no era el iPhone 5 precisamente, con lo cual carecía de brújula incorporada, cosa por otra parte irrelevante del todo porque las baterías de las consolas se habían agotado. Los tazos habían desaparecido y los dos hermanos se encontraban perdidos. Se demostraba, una vez más, que la mejor solución a las desdichas de los niños es comprarles el último modelo de teléfono móvil, no sea que se pierdan.


Caminaron, caminaron y volvieron a caminar, pero siempre en círculos. Solamente cuando decidieron salirse por la tangente lograron avanzar. Y hete aquí que fueron a topar con un claro en el bosque donde, ante sus ojos, se mostraba algo increíble: una casita de caramelo, chocolate, turrón, gominola y muchas otras clases de chuches bien rebosantes de azúcar y grasas saturadas hasta las orejas. Como estaban muy cansados y hacía unas pocas horas que no veían la tele ni jugaban a la consola ni navegaban por el proceloso océano de Internet de los Bosques, decidieron entrar. Al estar tan aburridos se quedaron sobaos. Así fue cómo los capturó la bruja que vivía en la casa y que no era otra que la hermana de su mamá, es decir, su tía. Y menuda tía, no estaba buena ni ná. Pues bien, esta tía había hablado por el teléfono móvil de los Bosques con la mamá de los niños y juntas tramaron el plan B. Engordar a los niños hasta que pesasen más de lo razonable o, al menos, lo que le podría parecer razonable al juzgado de menores, el cual al ver a los niños rollizos y poco saludables les retiraría la custodia a sus progenitores y éstos, con lágrimas de cocodrilo resbalando por sus mejillas, se librarían de ellos para siempre. Un plan perfecto.

Lo que aconteció después es un rollo poco interesante, lleno de penurias y despenurias que no viene demasiado a cuento, porque esto es un post sobre física y no quiero extenderme con detalles superfluos para el asunto sobre el que me deseo centrar. Bien, el caso es que aprovechando un momento de descuido de la tía buena, justo cuando estaba dándose unas buenas friegas con la crema hidratante Chanel Allure de los Bosques, Hansel y Gretel lograron huir, pero no muy deprisa, ya que en aquel momento los niños ya estaban bien entraditos en carnes y rondaban los 75 kg. A Hansel, como era más bajito, aún se le notaba más. Pero aún así, consiguió llegar el primero hasta la orilla de un estanque. Debían cruzar al otro lado, pero no divisaron puente ni pasarela alguna. Al cabo de un rato, se acercó a ellos un hermoso pato dotado de blanco nuclear plumaje. De repente, a la mente de Hansel acudió, veloz como el rayo, el fugaz recuerdo de una idea que había visto en cierta ocasión en un programa de la tele de llamativo título: Quincuagésimo Milenio. Ni corto ni perezoso, le propuso al palmípedo animal que los subiese a él y a su hermana sobre su lomo y los condujese sanos y salvos hasta la orilla opuesta. Supongo que no os estaréis imaginando la cara que se le quedó al sorprendido animal cuando escuchó la propuesta de aquella mole infantil de calorías enlatadas. No daba crédito. ¿Qué leches les enseñaban ahora a los niños en el colegio?

El ave se puso a reflexionar un momento antes de aceptar la propuesta de Hansel. Y pensó lo siguiente:
“Yo tengo una masa de 5 kg y si floto en el agua es porque mi peso está exactamente compensado por el empuje de Arquímedes. El principio de Arquímedes afirma que sobre un cuerpo sumergido en un fluido actúa una fuerza (empuje) vertical hacia arriba exactamente idéntica al peso del volumen de fluido que desaloja. En consecuencia, y suponiendo, para simplificar, que mi cuerpo se puede aproximar por un paralelepípedo cuya base tiene una superficie de unos 1000 centímetros cuadrados y una altura de, más o menos, 20 centímetros, el volumen de agua desalojado por mi espléndido cuerpo ascenderá hasta los 5 litros, de lo que se deduce fácilmente que debo tener sumergidos bajo el agua 5 cm y, por contra, fuera de ella han de asomar forzosamente los otros 15 restantes. Si vuelvo ahora a aplicar el mismo principio de Arquímedes pero cuando el niño regordete se suba a mi grupa, resulta que me veré completamente sumergido en el agua o, dicho de otra forma, me hundiré siempre y cuando el chaval supere los 15 kg de peso. ¡Pero si este crío está rechonchito como una buena morcilla de Burgos y pesa lo menos 75 kg! La única posibilidad que vislumbro es hincharme a comer como un cosaco. Si consigo mantener la misma densidad que cuando pesaba solamente 5 kg, es decir, la cuarta parte de la densidad del agua, entonces siempre y cuando supere los 25 kg de peso como límite inferior mantendré a flote a Hansel (¿me dijo su nombre o estoy desvariando?). Vale, eso es lo que haré y así este cuento tendrá un final feliz, aun a costa de convertirme en un pato con obesidad mórbida.”

Y así andaba pensando el sabio y culto pato con formación científica versado en la estática de los fluidos del Bosque. Como no había mucho tiempo y el cuento se tenía que acabar, echó alas al bolsillo y sacando un tubo de pasta concentrada de hamburguesa de McDonalds del Bosque, la engulló con frenesí, notando al instante que se había pasado un pelín y que su cuerpo adquiría algo más que la masa crítica necesaria para transportar a los maltrechos hermanos. Pero, ay, en esto que al subirse Hansel a horcajadas sobre el desdichado pato, éste perdió momentáneamente la estabilidad y el sorprendido niño se precipitó al agua. Entonces, ocurrió algo asombroso. El pato, como animado por un ritmo incontrolable digno de la más pura y genuina danza masai, comenzó a oscilar arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo, volviendo en cada ocasión a su posición inicial. Finalmente, se detuvo. Así, Hansel pudo volver a subirse a su lomo y al fin alcanzar la añorada orilla opuesta del estanque. A continuación, el pato procedió de la misma manera, esta vez con más cuidado, con Gretel. Los niños se despidieron con lágrimas en los ojos de su amigo y colaborador, no sin desearle antes una saludable dieta y una vigorizante tabla de ejercicios.

Una vez salvados, Hansel miró extrañado a su hermana Gretel, preguntándole si sabía lo que había sucedido y cuál era la razón de que el pato hubiese ejecutado aquella danza sin sentido. ¿Tenía efectos secundarios nocivos para la salud la pasta de hamburguesa concentrada?

“Nada de eso”, le contestó rotundamente Gretel. “Ha pasado una cosa muy sencilla, y si en lugar de ver tanta televisión y jugar compulsivamente a los videojuegos, te hubieras estudiado bien la lección de flotabilidad y dinámica de fluidos, lo entenderías perfectamente”. Mientras caminaban, Gretel le explicaba a Hansel que debido al nuevo tamaño del pato, éste debería haber respetado las leyes de la escala. Como su peso había aumentado en un factor 6, desde los 5 kg iniciales hasta los 30 kg después de ingerir la pasta de hamburguesa, su volumen debía de haberse incrementado en la misma proporción y, por lo tanto, ahora el paralelepípedo que constituía su nuevo corpachón tendría una base de 3310 centímetros cuadrados; su altura sería de 36,4 cm, de los cuales 9,1 estaban sumergidos en el agua y 27,3 flotando por encima de la superficie. Al subirse Hansel a su grupa, ésta se hundió hasta los 31,7 cm, dejando a flote únicamente 4,7 cm. Pero al caerse Hansel, el pato no tuvo más remedio que seguir las inexorables leyes de la física y comenzó a describir un movimiento armónico simple, cuya amplitud era de 22,6 cm, es decir, el cuerpo del pato subía y bajaba recorriendo en cada trayecto 45,2 cm (el doble de 22,6) y empleando 6 décimas de segundo en cada vaivén. Al final, el rozamiento viscoso con el agua lo había detenido. Todo encajaba a la perfección.

Aún caminaron un largo trecho hasta que finalmente divisaron las lucecitas de su casa. Al llegar se encontraron con una orden de desahucio clavada en la puerta y no había ni rastro de sus padres. Pero esa es otra historia…



MORALEJA: Mira la televisión y juega a la consola con moderación. No tires cartones al suelo, usa gormitis. No maltrates a tus padres, podrían mandarte a casa de una tía buena. Cuando vayas al parque ceba a los patos todo lo que puedas, quizá algún día un pato gordo pueda salvarte la vida. Y por último: ¡estudia física, cabrón!


Fuentes:

Don't try this at home. Adam Weiner. Kaplan Publishing. 2007.

272 exámenes de física. J.L. Torrent Franz. Tébar Flores. 1994.


Mi puto cerebro, Sergio L. Palacios (Ph. D.), Journal of mental taraos and absolutely superior intelects, Vol. 69, p. 69-96. November 2010.


De Indiana Jones, sus grandes bolas, putos planos inclinados y alguna que otra patata de más...

Año 1936. El profesor de arqueología Henry W. Jones Jr., más conocido como Indiana Jones, se enfrenta a los peligros de la jungla peruana, con la intención de recuperar el ídolo de oro de los hovitos de un antiguo templo, al que se accede a través de una cueva excavada en la montaña.

Después de sobrevivir a terribles trampas, "Indy" encuentra finalmente el apreciado tesoro en un altar. Reemplazando éste con un saquito lleno de arena (calcula mentalmente el peso de la estatua, lo compara con el del saco y como no le convence decide eliminar parte de la arena) para prevenir las consecuencias de algún mecanismo peligroso conectado, el intrépido arqueólogo se dispone a abandonar el templo con la estatuilla entre sus manos. Demasiado tarde. El altar se hunde bajo el peso de la arena y una tempestad inmediata de dardos y flechas de todas clases se desata en el acto.

Seguramente, la tribu ficticia de los hovitos a la que se hace referencia en la película a la que corresponden los párrafos anteriores, Indiana Jones en busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), está basada en la real de los chachapoyas (mis sinceras disculpas por la dolorosa cacofonía) que poblaron la región andina del Amazonas, al norte de Perú. Las montañas de los Andes son las más altas del mundo, sin contar el Himalaya, y por eso a los chachapoyas se les conocía bajo el apelativo de "guerreros de las nubes", ya que se creía que alcanzaban a tocarlas con sus propias manos.

Antes de la llegada de los españoles a Perú en el siglo XVI, los incas habían conquistado a los chachapoyas. La capital del imperio inca era Cuzco y, en el centro de esta ciudad, se encontraba un gran templo dedicado al Sol, conocido como "Koricancha", que significa "almacén de oro", donde se guardaban numerosos ídolos sagrados hechos del más codiciado de los metales preciosos.

Cabe, asimismo, la posibilidad de que el templo de los hovitos esté inspirado en el antiguo templo de los chachapoyas de Cuélap, con 600 metros de longitud y situado a 3.000 metros de altitud. Para llegar, la gente debía trepar en fila de a uno por un angosto pasadizo de más de 30 metros de largo y con paredes inclinadas hacia dentro destinadas a defenderse de los ataques incas.


Después de robar y apoderarse del ídolo dorado de los hovitos, Indiana Jones huye del templo. Cuando ya piensa que está a salvo, de repente, una gigantesca roca redondeada se desprende de lo alto de una rampa y comienza a rodar amenazadoramente por el estrecho pasillo por el que sale disparado nuestro arqueólogo más intrépido. Dándoles a las piernas todo lo que sus pantalones de Emidio Tucci le permiten, Indy consigue alcanzar la salida, sano y salvo.

¡Para, para, para! Detengamos la bola por un momento. Y bien, ¿alguna pregunta? Sí, bueno, la verdad es que a mí se me ocurren unas cuantas, pero sólo plantearé tres:

1.- ¿Un puñado de arena para sustituir una estatua de oro puro maciza?
2.- ¿Existen rocas gigantes perfectamente esféricas?
3.- ¿Por qué no le alcanza la enorme piedra, con "toda la inercia" que lleva consigo?

Veamos, comenzaré por la primera, continuaré con la segunda y terminaré, finalmente, intentando sembrar discordia a causa de la tercera. Por cierto, que esta última pregunta tiene una historia muy curiosa. Os la cuento brevemente. Hace algún tiempo impartí en Sevilla una conferencia titulada "Einstein vs. Predator: algunas cosas que siempre has querido saber sobre física y nunca te has atrevido a preguntar". Pues bien, recuerdo que cuando llegó el turno de preguntas (no me lo había pasado tan bien en mucho tiempo) alguien del público (un estudiante de arqueología, si la memoria no me falla) me hizo una pregunta muy similar, es decir, por qué Indiana Jones no sucumbía aplastado por la roca que le perseguía si ésta llevaba una "inercia" enorme. Unos días después me dirigía a mi despacho en la facultad y por ir pensando en mamarrachadas perdí el tren, así que me dije: por mucho que corras no lo alcanzarás, porque el tren tiene más "inercia" que tú. Entonces me acordé de la pregunta de aquel muchacho y volví a decirme, una vez más: pero qué inercia ni qué inercia, si la inercia no tiene nada que ver en este asunto; si no alcanzo el tren es porque éste va "enchufao" a los cables y yo tengo que usar los pinreles, con la mierda de desayuno que me he endilgao esta mañana, que no me llega ni para galgar 30 metros. Y esta es la triste historia tras esta cachondona entrada, así que os la he relatado lo más fielmente que he podido y paso ya sin dilación a responder las cuestiones previamente planteadas.


Empezaré por el ídolo de oro y la bolsita de arena de playa. Si me olvido por un momento de la pregunta clave, esto es, ¿a santo de qué lleva Indiana Jones una bolsa llena de arena de playa en el zurrón? y me centro en la que tiene un cierto interés científico, es decir, ¿hasta qué punto podría resultar sensato sustituir una estatua de oro macizo por un saquito lleno de arena? entonces la cosa cambia bastante. Veamos, por el tamaño relativo del ídolo en manos de Indy, se puede estimar que posee un tamaño no superior a los 20 centímetros de altura y unos 10 centímetros de anchura. Si lo modelizamos como si fuera un cilindro, calculamos su volumen y multiplicamos por la densidad del oro (19,3 veces la del agua) obtendremos que la masa de aquél asciende a unos nada despreciables 30 kilogramos.

Doctor Jones, mejor hubiera sido cargar con un saco de patatas y haber retirado un par de ellas a la manera del tendero de la tienda de ultramarinos de la esquina, ¿no le parece? ¡Estupendo! Primera cuestión respondida. Ahora os toca a vosotros justificarla, como siempre: que si la estatua no es maciza, que si solamente tiene un bañito de oro de 18 quilates y otras majaderías insensatas. Vale, vale, ya me las sé todas. ¡¡A rascarla!! Voy a continuación con la segunda de las preguntas.

Grandes rocas esféricas descansan en la playa de Koekohe (rocas Moeraki) en la costa de Otago (Nueva Zelanda). Las leyendas locales afirman que proceden de patatas y calabazas empleadas antiguamente como vasijas kumaras. Las hay de hasta 3 metros de diámetro. En la playa de Hokianga, en la Isla Norte, también en Nueva Zelanda, se pueden encontrar las rocas Koutu, algunas de más de 3 metros de diámetro. Las rocas Katiki, a 20 kilómetros al sur de las Moeraki igualmente son completamente redondas.


En Dakota del norte pueden verse grandes rocas esféricas de hasta 4 metros de diámetro. En Wyoming, Kansas y Utah alcanzan los 6 metros. Por último, en Perú, en las junglas que rodean Cuzco y también en Machu Picchu, grandes rocas esféricas yacen en los lechos de ríos y arroyos. Aquí, un punto para los guionistas, que tampoco conviene ser demasiado cruel. Lo peliagudo viene ahora, voy con la tercera y última de las cuestiones, la que surgió durante mi conferencia en Sevilla.

Uno de los temas que más esfuerzo les supone a mis abnegados estudiantes en la universidad es el de la dinámica de rotación de los sólidos rígidos, pues eso de la rotación a ellos les suena a dar vueltas y vueltas y de tal asunto sólo entienden los fines de semana. El caso es que uno de los ejercicios que les propongo en clase tiene que ver justamente con el caso que nos ocupa de Indiana Jones. Os cuento lo más brevemente (jijiji...) que pueda.

Los físicos llamamos sólido rígido a un cuerpo indeformable, en el que la distancia entre dos puntos cualesquiera del mismo siempre permanece constante, sea cual sea la fuerza que le apliquemos. En los niveles educativos más elementales, los cuerpos se consideran partículas puntuales, es decir, no tienen tamaño. Así, cuando se mueven únicamente poseen lo que llamamos energía cinética de traslación, pues una partícula jamás podrá describir un movimiento de rotación alrededor de sí misma. En cambio, cuando se quiere describir el movimiento de un cuerpo de una manera más rigurosa, resulta imprescindible tener en cuenta su forma geométrica particular y su tamaño. En este caso se puede demostrar que al moverse posee dos tipos de energía cinética, una de traslación y otra de rotación. 

Bien, dejemos ahora que uno de estos sólidos rígidos ruede desde lo alto de una rampa en la que, por simplicidad, no consideraremos el efecto de la fricción. Sin ánimo de detenerme en los detalles (con estos tienen que lidiar mis estudiantes, que para eso están) el ejercicio que propongo en el aula consiste básicamente en que me demuestren que cuando en lo alto de la rampa situamos cuerpos de geometrías diferentes (un aro, un cilindro hueco, un cilindro macizo, una esfera hueca y otra maciza) las velocidades con las que llegan a la base inferior no dependen ni de la masa ni del tamaño de los cuerpos, sino tan sólo de la altura desde la que fueron lanzados (la misma para todos) y de la clase particular de cuerpo que se trate.

¿Qué significa todo lo anterior? Pues muy sencillo. Toda la energía potencial gravitatoria que poseen en la parte superior de la rampa se transforma en energías cinéticas, tanto de traslación como de rotación a medida que descienden, es decir, parte se consume en bajar y parte en dar vueltas. Así, se ve sin demasiada dificultad (seguro que mis estudiantes no estarán de acuerdo con esta afirmación) que el orden de llegada de los diferentes cuerpos es el siguiente: primero la esfera maciza, a continuación el cilindro macizo, luego la esfera hueca y, por último, el anillo y el cilindro hueco, ambos al mismo tiempo. Más aún, si hubiésemos procedido a lanzar únicamente cuerpos de una sola clase (todos esferas macizas, por ejemplo) aunque de distintos pesos o tamaños, todos hubiesen llegado a la vez, sin importar ni siquiera sus distintas "inercias" (guiño, guiño y guiño). Como se puede apreciar, los guionistas de Hollywood se han ganado aquí otro punto a su favor, pues han elegido el cuerpo más rápido de todos para amenazar a Indiana Jones.

Otra conclusión que se puede extraer tras el cálculo de la velocidad de llegada de los distintos sólidos al final de la rampa es que aquélla es, en todos los casos, inferior a la que alcanzarían en caso de haber sido dejados caer libremente desde la misma altura. Obviamente, si hubiéramos considerado el rozamiento con la superficie del "puto plano inclinado", la situación aún resultaría más favorable para el doctor Jones.

Para terminar, os proporcionaré unos números con los que podréis juzgar la plausibilidad de la escena que se puede apreciar en el vídeo. Si mis estudiantes han resuelto correctamente el problema, habrán llegado a una expresión que dice que la velocidad con la que alcanza el final de la rampa la esfera maciza (tenga el tamaño que tenga, eso es irrelevante absolutamente) es 3,74 veces la raíz cuadrada de su altura. En la película, esta altura no parece ser muy superior a unas dos veces la estatura de Indiana Jones. Pongamos en números redondos unos 4 metros, lo cual arroja una velocidad de la esfera de 7,5 metros por segundo o, equivalentemente, unos 27 km/h. Juzgad vosotros mismos si seríais capaces de correr a esta velocidad mientras os cagáis en los pantalones. Y es que la inercia, venga de donde venga, da miedo, mucho miedo. Y el arqueólogo, a su bola...



GLOSARIO (para personas con escaso vocabulario español de pura cepa):

poya: derecho que se pagaba en pan o en dinero, en el horno común. Suena igual que "polla", que significa pene.

Emidio Tucci: sastre de El Corte Inglés.

enchufao: enchufado, conectado.

pinreles: pies, pezuñas.

endilgar: meterse entre pecho y espalda. Comer, devorar.

galgar: correr raudo y veloz cual galgo intrépido.

inercia: ????????? Suele ir acompañada de adjetivos tales como "mucha" o "grande".




Fuentes:

¿Por qué tenían que ser serpientes? Los misterios de Indiana Jones. Lois H. Gresh y Robert Weinberg. Robinbook. 2008.

Mi puto cerebro, Sergio L. Palacios (Ph. D.), Journal of mental taraos and absolutely superior intelects, Vol. 69, p. 69-96. November 2010.


¿Quién dice que no se pueden hacer exámenes diferentes en la universidad?


Este curso 2012-2013 en el que aún nos encontramos ha sido el último en que he impartido (y quizá no lo vuelva a hacer nunca más, pues la asignatura ha desaparecido de los planes de estudios) la asignatura de Física en la Ciencia Ficción en mi universidad.

Han sido nada menos que nueve cursos desde que comencé allá por el curso 2004-2005. Nunca necesité hacer exámenes a mis estudiantes para calificarles, ya que ellos mismos realizaban su trabajo con total libertad, tanto en los temas que les gustaba tratar como en la distribución temporal a lo largo del cuatrimestre. A mí tan sólo debían rendirme cuentas al final de la asignatura. Todo lo que realizaban quedaba registrado en un blog unipersonal de cada uno de ellos.

Por cuestiones de horarios u otras incompatibilidades de tipo personal, algunos (únicamente unos pocos, hay que decirlo) no podían asistir a las clases y a los coloquios que montábamos en el aula tras ver las películas de ciencia ficción que analizábamos después. Estos alumnos tenían dificultades, en ocasiones, para elaborar sus blogs u otros trabajos; en ocasiones, por elección propia, preferían hacer un examen que preparaban con ayuda de una bibliografía básica que yo mismo les proporcionaba. No era mi ideal de sistema de calificación, pero si ellos lo preferían así, ¿quién era yo para impedirlo?

Claro está que el examen no podía ser un examen "estándar". Tenía que tener relación con la temática y el programa de la asignatura, algo ya de por sí "fuera de lo común" en la universidad española, salvo muy pocas y raras excepciones.

Este último curso ha sido un tanto excepcional y, por ello, para celebrar el final de la asignatura que más satisfacciones me ha proporcionado como profesor en mi vida docente durante estos 24 años que llevo a mis espaldas, quiero compartir con todos vosotros el último examen que ha hecho uno de mis estudiantes que este curso se encontraba fuera durante el período lectivo. Aquí os lo dejo. ¿Os atrevéis a responder a las cuestiones planteadas? ¿Qué calificación creéis que obtendríais?






EXAMEN DE FÍSICA EN LA CIENCIA FICCIÓN
CURSO 2012-2013


1.   Enuncia la ley de la escala.
2.   ¿De qué forma varía la fuerza relativa de un ser vivo que ha sido modificado en tamaño?
3.   ¿Por qué no pueden existir seres como Godzilla o King Kong?
4.   ¿Cómo varía la frecuencia de la voz humana con el tamaño de la persona? Según esto, ¿qué ocurriría con las voces de los habitantes de Liliput y Brobdingnag que aparecen en el relato de J. Swift “Los viajes de Gulliver”?
5.   Enuncia algunos problemas con la Física a los que tendría que enfrentarse un superhéroe como Flash.
6.   ¿De qué forma varía la temperatura corporal de Flash con su velocidad?
7.   ¿Qué problema debe afrontar Spiderman al detener la caída de una persona desde un rascacielos con su telaraña? ¿Qué podría hacer para suavizar el efecto?
8.   ¿En qué principio físico se fundamentan los airbags de los automóviles? Pon algún otro ejemplo de este principio.
9.   ¿Con qué dificultad se encontraría Superman al intentar detener un camión en marcha?
10.¿Cómo sería el movimiento de un cuerpo que se dejase caer a través de un túnel que recorriese un diámetro terrestre?
11.¿Resulta una buena idea enviar hombres a la Luna disparados por un cañón como hace Verne en su novela “De la Tierra a la Luna”?
12.¿Cómo se consigue actualmente la velocidad de escape para lanzar una nave a la Luna?
13.¿Cuánta energía se liberaría al desintegrar (convertir en pura energía) un cuerpo de masa M?
14.¿A qué terrible dificultad, entre otras, debería enfrentarse un hombre invisible?
15.¿Por qué no es buena la solución adoptada por los héroes de la película Armageddon?
16.¿Sería sencillo desplazarse sobre la superficie de un asteroide?
17.¿Qué se puede hacer para generar gravedad en una estación espacial?
18.¿Tienen algún sentido las formas aerodinámicas de los destructores imperiales en Star Wars?¿Por qué?
19.¿Qué les ocurriría a Luke Skywalker y a Leia cuando se volviesen a encontrar después de haber viajado innumerables veces a velocidades próximas a la de la luz?
20.¿Cómo construirías una máquina del tiempo?