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Virus: una breve introducción (reseña)

Virus: una breve introducción es un libro de la profesora de microbiología médica en la Universidad de Edimburgo (Escocia) Dorothy H. Crawford recientemente publicado el pasado mes de septiembre por Antoni Bosch Editor, aunque la primera edición original se debe a Oxford University Press en 2011.

El libro, con apenas 232 páginas en un formato poco habitual por sus reducidas dimensiones, consta de diez capítulos breves que abarcan desde la definición de virus hasta el pasado, presente y futuro de estos organismos, pasando por las infecciones producidas por virus emergentes, tanto transmitidos por vertebrados como por artrópodos, epidemias y pandemias, los virus persistentes y los tumores. En definitiva, un repaso no exhaustivo ni completo, aunque sí muy compacto en cuanto a la información que proporciona sobre estos seres microscópicos que pueblan nuestro planeta desde hace miles de millones de años y que nos acompañan desde que el ser humano lo es, evolucionando de forma conjunta.

En Virus hay una gran cantidad de datos sobre una enorme variedad de virus, su historia, origen y evolución, los efectos que producen sobre las personas y otros seres vivos. No faltan los conocimientos sobre su bioquímica y la producción de vacunas. Se distingue entre virus buenos o inocuos para el ser humano y los que están relacionados o causan ciertos tipos de cáncer, así como se incluyen también a aquellos cuya existencia o propósito nos resultan aparentemente desconocidos.

Con pequeñas dosis de información que se entremezclan con la narración de curiosidades históricas, la autora nos abre un mundo siempre tan fascinante como en ocasiones desconocido, invitando a nuestra curiosidad a profundizar en la biología básica, la genética o la inmunología. La obra está rematada por un glosario con los términos y conceptos más destacados que aparecen a lo largo y ancho del texto y por una sección de referencias bibliográficas donde la mente curiosa del lector puede ampliar sus conocimientos.

En definitiva, un libro muy recomendable escrito por una autoridad en el tema, y que se lee fácil y rápidamente. No se puede pedir más por menos.



Un científico en el supermercado (reseña)

Me gusta mucho leer y suelo leer muchas cosas: ensayo, divulgación, filosofía, novelas. Mi promedio desde hace años es de 50 libros anuales, esto es, aproximadamente un libro a la semana. Suelo leer más de un libro simultáneamente y antes de terminar ya tengo decidido cuál o cuáles van a ser los siguientes en pasar por la trituradora de mi cerebro. Procedo así, sea bueno o malo, mejor o peor, pero solamente rompo esta regla cuando un amigo publica un libro, porque los amigos son lo más importante después de la familia.

José Manuel López Nicolás es amigo mío desde hace ya unos cuantos años. Él dice que soy mala gente pero que a mí me lo perdona todo. Esto también es de ser amigos y las pocas veces que nos vemos, disfrutamos (creo) el uno del otro, nos reímos, charlamos, y también compartimos penas, yo más que él porque es un tipo fuerte y yo un alfeñique. Casi nunca estamos de acuerdo porque él suele equivocarse a menudo y, no obstante, cuando, tristemente, nos tenemos que despedir solemos darnos un beso (casto, ¿eh?) porque los hombres también se besan aunque sean heterosexuales y hay que hacerlo más. Siempre le echo de menos porque le necesito...

Sin embargo, no estoy aquí, en mi blog, casi un año después de la última vez para contar mis tribulaciones, sino para reseñar su penúltimo libro, Un científico en el supermercado, que acaba de ver la luz gracias a Planeta de Libros. Un libro que, creo yo, marcará un camino a seguir en la divulgación en nuestro idioma. Y esto es muchísimo, os lo aseguro.

Un científico en el supermercado se lee como una novela, y esta es su segunda mejor virtud. Porque la primera es su categoría, lo que hay dentro: su inmensa capacidad de aglutinar no pocas disciplinas científicas como la física, la química, la biología, la matemática y muchas de sus ramas tales como la nanotecnología, la genómica, la proteómica, etc., etc.

Resulta muy fácil leer el libro de José pero os puedo asegurar que no es nada sencillo escribir de esa forma que solamente él sabe. Por sus poco más de 300 páginas desfilan el marketing pseudocientífico que a buen seguro conocéis todos los que leáis su blog Scientia, la quimiofobia que nos invade, la alimentación de los astronautas, los peligros y riesgos del consumo irresponsable de las bebidas energéticas, la cosmética, la homeopatía, la ciencia del deporte de élite en lo referente a la ropa, las pelotas de tenis, las raquetas. José es capaz de triturar sin piedad a los personajes famosos que anuncian sin pudor, sirviéndose de su imagen pública, productos con escasa o ninguna utilidad, haciéndonos creer en fundamentos científicos sin ninguna base que los sustente. No los nombra pero resultan todos ellos fácilmente reconocibles e identificables. Justo por esta razón resultan más dañinos y peligrosos, lo cual da idea de su poder mediático y de influencia.

Un científico en el supermercado está escrito en un estilo que no suele ser habitual en la divulgación actual: en forma de diálogos o conversaciones con diferentes personajes. Unas veces son amigos o compañeros de trabajo del autor, otras veces su dicharachera hija Ruth y, cómo no, su peculiar y parlanchina abuela. Las charlas con estos personajes son las disculpas que introduce José en el texto para compartir con nosotros todo su saber y su conocimiento, su experiencia como investigador y científico, pero también como consumidor y persona. Tan pronto diserta sobre alimentación, pesticidas, antibióticos, aceite de palma, productos sin lactosa o gluten, detox, suplementos vitamínicos, enriquecidos con vitaminas, naturales  y ecológicos, el azúcar libre o añadida, como se pasa a la alimentación del futuro próximo (insectos, medusas o carne sintética). Y, de repente, se sale con un curso multidisciplinar acelerado sobre la ciencia en el arte o el cine, en los toros o en las procesiones de Semana Santa, de las que presume con orgullo ser aficionado herniado. Él vale para todo, incluidas las matemáticas del sorteo de la lotería de Navidad, o los distintos tonos de color en el pelaje de los gatos, las curiosas técnicas para beber de felinos y perros, elefantes o caballos. Aquí entra todo. En este sentido, Un científico en el supermercado es una pequeña gran enciclopedia científica.

Hacedme caso y leed esta joya porque puede que no volváis a encontrar otra, a no ser que a José le dé por volver a la carga con otro de sus trabajos. No os perdáis, en especial, el capítulo 11 porque es una maravilla, un sentido homenaje a la forma en que trabaja la ciencia, tanto básica como aplicada. Ojalá todo el mundo fuese consciente de esto. Un científico en el supermercado constituye un compendio de pequeñas cosas que hacen que el conjunto sea mucho más que la suma de las partes, nos muestra el camino para ser cultos (porque la Ciencia es Cultura, con mayúsculas), constituye un arma muy poderosa en manos de los ciudadanos, una herramienta que puede evitar que seamos manipulados o engañados y, sobre todo, que nos hará más libres para tomar nuestras propias decisiones. Un pequeño GRAN libro que os hará contemplar el mundo con otros ojos y ya nunca volveréis a ver igual. Estáis atrapados...


Del mito al laboratorio (reseña)


Quien no conoce las mitologías griega y romana se está perdiendo una parte esencial de la cultura que orgullosamente llamamos occidental. Y no lo digo únicamente por la gran cantidad de palabras que usamos a diario en nuestro lenguaje coloquial sino también por la enorme profusión con que aparecen en el ámbito científico un sinfín de términos relacionados con personajes míticos como son dioses, héroes, gigantes, titanes, etc.

Desde hace ya unos años se viene percibiendo una cierta tendencia a fusionar mundos que tradicionalmente se consideraban distanciados, cuando no totalmente separados e independientes. Me refiero en concreto a la perniciosa separación entre ciencias y letras, una distinción que hace más daño que otra cosa. De hecho, no son pocas las personas que aún siguen pensando que son incompatibles, por no hablar de opiniones tan extendidas como las que tradicionalmente han considerado incultos a los científicos (considerando como tales a aquellos que se dedican a las ciencias conocidas como duras: física, química, matemáticas, biología), por no conocer según qué obras artísticas, literarias o filosóficas. Sin embargo, no se suele dar un trato análogo a los no científicos que carecen de conocimientos elementales de ciencia.

Y digo que en los últimos años se aprecia una tendencia a difuminar esta perniciosa distinción, pues la incultura cada día es un concepto más bilateral, afortunadamente. Parafraseando al mismo C. P. Snow, tan inculto resulta un científico que no conozca las obras de Shakespeare como un no científico que ignore el significado del segundo principio de la termodinámica. No puedo estar más de acuerdo.

Es por todo lo anterior que libros como el de mi buen amigo "Dani", Daniel Torregrosa, se agradecen, se disfrutan y se hacen imprescindibles en el campo de la divulgación, entendida esta en el más amplio sentido. Y es que "Del mito al laboratorio" viene a cubrir otro de esos vacíos que algunos queremos que desaparezcan de una vez por todas. Unos usamos el cine, las novelas o los cómics, otros emplean manifestaciones artísticas como la pintura o la escultura, siempre con el propósito de hacer llegar a los legos el conocimiento científico en un mundo cada vez más dependiente del mismo. Pero es que Dani ha ido un paso más allá, ha integrado arte, literatura y cine, todo en uno, sirviéndose para ello de la mitología, tanto clásica como nórdica o hasta inuit.

Efectivamente, "Del mito al laboratorio" es un libro de DIVULGACIÓN (sí, con mayúsculas) en el que este químico infatigable en la lucha contra la quimiofobia, abandona por un momento esta, por lo demás, loable misión, para adentrarse y llevarnos con él al mundo de la mitología, de los personajes y lugares míticos a los que aludí en el primer párrafo: dioses, héroes, gigantes, titanes y titánides, etc. ¿Y por qué? Pues por la sencilla razón que los humanos hemos tenido la costumbre de poner nombre a muchas cosas (especialmente, las relacionadas con la ciencia) utilizando como inspiración precisamente estos lugares o personajes de mito y leyenda. Así, nada menos que cincuenta y seis de ellos aparecen referenciados en el libro, todos ellos clasificados en breves capítulos maravillosamente ilustrados, de lectura independiente y muy amena. Así, de la mano de Perseo, Prometeo, Mercurio, Ares, Palas, Helios, Ceres, Caronte, Proteo, Dione, Orión, Thor o Sedna, entre otros, aprenderemos por qué algunos asteroides, satélites o planetas se llaman como se llaman, de dónde proceden ciertos nombres de animales y plantas, cómo se bautizaron determinados elementos químicos de la tabla periódica y muchas cosas más. Todo contado con maestría de la mano y pluma de uno de los grandes divulgadores de este país, quien siempre que puede introduce alusiones al mundo del cine, de la literatura y del arte. Eso sí, como el libro no se puede extender infinitamente, al bueno de Dani se le han escapado cosas que a mi alma de friki le han hecho saltar las alarmas de un pejiguero como yo, y que son: 1) la no alusión a "Frankenstein" en el capítulo dedicado a Prometeo (la novela de Mary Shelley llevaba por título original "Frankenstein o el moderno Prometeo"); 2) hay una película clásica de la mítica productora británica Hammer, titulada "La gorgona", que podría haber aparecido citada en el capítulo dedicado a Perseo; 3) para el capítulo en que se habla de Mercurio (Hermes) me hubiera hecho ilusión que hubiese sido mencionado el traje original de un superhéroe como Flash; 4) finalmente, y para que Dani no me estrangule la próxima vez que coincidamos en el espaciotiempo, quiero decirle que el autómata Talos aparece en una secuencia mítica de la película de 1963 "Jasón y los argonautas", animado fotograma a fotograma por el gran Ray Harryhausen.

En definitiva, y por si alguien aún no lo ha entendido, quiero decir que "Del mito al laboratorio" es un pedazo de obra maestra, una joya cuya rareza hoy ojalá sea la piedra de toque para muchas otras obras (ya serán imitaciones) que han de venir. De momento, démosle las gracias a Dani por haber abierto el camino y mostrarnos la belleza de la ciencia y de la CULTURA. ¡Te quiero, amigo!


Eso no estaba en mi libro de Historia de la Ciencia (reseña)

Siempre he dicho que no se puede ser objetivo con los libros escritos por los amigos. Y esta máxima nunca ha sido más cierta que con el penútimo libro de Eugenio Manuel Fernández Aguilar, "Eso no estaba en mi libro de Historia de la Ciencia", editado por Guadalmazán.

Eugenio no ha escrito un libro de divulgación científica al uso. En él no encontraremos conceptos abstrusos, leyes físicas o químicas ni tampoco descubrimientos científicos explicados de forma sencilla y asequible para el más "mortal" (jijiji) de los humanos. No, se trata de un libro muy distinto y, según mi conocimiento, un texto único y original en su género, quizá incluso constituya la semilla de un nuevo subgénero en la divulgación. Al tiempo...

Porque "Eso no estaba en mi libro de Historia de la Ciencia" habla menos de ciencia y más de las personas que hacían ciencia, pero tampoco desde la intención de bombardearnos con infinidad de datos biográficos, de enfatizar sus hazañas profesionales, sus logros científicos, sino desde un punto de vista del todo inesperado para todo aquel que decida abrir el libro por la primera página. Eugenio nos habla de un aspecto muy poco o nada abordado en los libros de divulgación de la ciencia y, menos aún, en los de texto. Nos relata las circunstancias en que fallecieron no pocos "héroes de la ciencia", como él mismo los denomina muy acertadamente. Y es que se trata de personajes que muchas veces han dado su propia vida a cambio de salvar infinidad de otras ajenas, anónimas, gracias al legado imperecedero que dejaron tras de sí.

Más de 150 personajes -entre físicos, químicos, biólogos, matemáticos, botánicos, médicos, entomólogos, vulcanólogos, etc.- discurren por las páginas del libro, todos ellos habiendo fallecido en las más diversas circunstancias: unas veces en pos de algún descubrimiento científico, otras por accidente y otras de forma incomprensible, hasta tragicómica, si se me permite una pizca de humor negro. De hecho, esta es una característica de la narración de Eugenio, precisamente el saber tomarse con humor las cosas que cuenta, por tristes que nos puedan resultar y, no obstante, sin faltar al respeto en ningún momento, pero también evitando dramatizar o relativizar en exceso.

Otro aspecto destacado del libro, en mi opinión, es que Eugenio ha sabido mostrar a los científicos -más o menos célebres- como seres humanos, con las mismas virtudes y defectos que cualquiera otra persona, con las mismas miserias, alegrías, anhelos. Un libro necesario para humanizar a todos aquellos que han dedicado, de una forma u otra, sus vidas a la ciencia. Porque los científicos no somos esos seres extraños, asociales, endiosados y encaramados a lo alto de torres de marfil, alejados del resto del mundo. Al fin y al cabo, qué nos hace más humanos que la propia muerte, con su guadaña igualadora, la implacable democratizadora universal.

Así y todo, el mayor valor de "Eso no estaba en mi libro de Historia de la Ciencia", y que puede pasar desapercibido al ojo descuidado y que no sepa leer entre líneas, lo constituye el descubrimiento de tantos y tantos caracteres extraordinarios, personas únicas, muchas de ellas anónimas o desconocidas para el gran público que no figuran en los tratados tradicionales de historia de la ciencia. Eugenio nos descubre a más de un centenar y medio de estos personajes cuya vida y logros merece la pena bucear entre ellos. Después de todo, quizá sean sus muertes las que paradójicamente nos lleven a interesarnos por sus vidas y sirvan para que decidamos buscar, investigar, descubrir y aprender más, mucho más. ¿Estamos dispuestos a que su muerte sea el final del camino o el principio de otro mucho más fructífero? ¡Gracias, Eugenio! Por mostrarnos el camino...


Como Einstein por su casa (reseña)

Los libros de Javier Fernández Panadero son diferentes de otros libros de divulgación científica. Él lo hace de una forma tan sencilla, tan clara, que no puedes dejar de preguntarte cómo es posible que los demás no lo logren/logremos. Porque lo que Javi consigue es que entiendas lo que te está contando, lo que te está mostrando, lo que te está enseñando. ¿Y cómo lo hace? Pues utilizando frases muy breves pero concisas, párrafos cortos que se asimilan sin dificultad. Y luego están esas gotas de sabiduría que deja caer de vez en cuando, esas pequeñas píldoras de lecciones de vida, de humanidad, que le hacen transparente. No sólo divulga, te abre su corazón y te invita a conocerle, a quererle. Lo que Javi hace es más que divulgar.

En unas pocas semanas se cumplirá un año desde que publiqué mi último artículo en este blog. No se me ocurre una mejor ocasión para volver a hacerlo que escribir unas pocas líneas sobre el último libro de Javier Fernández Panadero, el séptimo ya de una lista que se ha convertido por derecho propio en un clásico de la divulgación (o popularización, como a él mismo le gusta referirse a ello) en este país nuestro, tan poco dado a la cultura científica, especialmente la que tiene que ver con las ciencias duras (física, matemáticas). Entre todos los libros de Javi suman casi una treintena de ediciones, por algo será.

Hace tan sólo una semana que "Como Einstein por su casa" ha visto la luz en las librerías y ya está a la venta su segunda edición. Por si el título no lo dijese bastante claro, su subtítulo no puede ser una mayor declaración de intenciones: "la bricociencia para todos". Porque, en efecto, sus 288 páginas están repletas de eso justamente, de docenas de trucos, consejos, artimañas pero, sobre todo, enseñanzas y lecciones de ciencia para que esos mismos trucos, consejos y artimañas tengan sentido y no se trate de meros fuegos de artificio puestos más o menos de forma ordenada con el fin de hacernos ver los árboles pero no el precioso y maravilloso bosque que hay por encima. Sí, la popularización de Javi es la auténtica, no esa que cada vez abunda más, la que consiste en una serie de chistes y chanzas o canciones que solamente tienen efecto sobre las personas que ya son aficionadas a la ciencia, las que ya tienen una cierta (y muchas veces, no poca) cultura científica. ¡Ojo! No digo que esa divulgación y esa forma de divulgar no sean necesarias y no tengan sitio en el mundo de la divulgación, lo único que quiero decir es que, en mi humilde y probablemente equivocada opinión, no tienen efecto alguno sobre el común ciudadano de a pie. Y quizá tampoco tengan por qué tenerlo. De todos modos, yo también me declaro fan de este tipo de divulgación. No sé si se me entiende. Lo que digo es con toda la buena intención del mundo.

En fin, sea como fuere, el caso es que la divulgación que hace Javier Fernández Panadero sí me resulta necesaria, aunque solamente sea por una razón: es divulgación para todos los públicos, absolutamente para todos. Porque es cercana y esto no lo puede decir cualquiera. Estoy acostumbrado a leer mucha divulgación, varias docenas de libros y artículos cada año y tengo que reconocer con decepción que cada vez resulta más difícil encontrar cosas diferentes. Es todo muy "estándar", carente de originalidad, cortado por el mismo patrón; casi todo el mundo habla de los mismos temas y con los mismos enfoques. Hallar autores que cuenten la ciencia de manera distinta no resulta tan fácil.

"Como Einstein por su casa" sigue la línea de los dos libros anteriores de Javier y esta no es otra que involucrar al lector, hacerle partícipe del propio proceso de la ciencia. El objetivo es que quien lee sea capaz de poner en práctica, de hacer los cálculos, de medir, de experimentar lo que allí se cuenta; no solamente de confiar y creer a la autoridad que nos lo asegura, por mucho peso y prestigio que posea. A lo largo de las 288 páginas se da respuesta a 120 cuestiones que van desde echar la leche de un tetrabrik en un vaso sin derramarla (con fundamento) hasta sacar tu coche atascado en el barro, pasando por cortar una cuerda sin disponer de unas tijeras, sacar filo a un cuchillo sin una herramienta específica para ello, borrar rotulador permanente, ponerte un supositorio correctamente, romper candados, salir de un coche sin usar las puertas, saber dónde protegerte en caso de terremoto, mejorar el sonido de tu teléfono móvil, improvisar una ducha, no sucumbir por el picante de un chile jalapeño, desatar nudos en bolsas de plástico, mejorar la señal wifi de tu módem, conservar el gas de las latas de refresco, etc, etc, etc.


Si crees que la intención de Javier es únicamente que el lector aprenda a ser un MacGyver de turno, estás muy equivocado. Esta es la consecuencia, nada más, aunque no sea poco. Yo creo que la verdadera intención es que todos, especialmente los más jóvenes, veamos y vean la Ciencia como algo cercano, que nos rodea en todas las actividades que llevamos a cabo diariamente y nos ayuda a entender mejor el mundo en que vivimos, a admirarlo en toda su belleza. Porque no hay mejor manera de apreciar algo que cuando se comprende hasta sus últimas consecuencias. En esto, Javi es un maestro...


Ádvent. Las puertas de un Nuevo Mundo

José Ángel Martín Gago es físico e investigador del CSIC. Trabaja en el campo de la nanotecnología en el Instituto de Ciencias Materiales de Madrid. Los asiduos a este blog o, simplemente, los que gustéis de la buena divulgación científica quizá le conozcáis porque es uno de los autores del maravilloso libro El nanomundo en tus manos: las claves de la nanociencia y la nanotecnología (Crítica, 2014), que podéis encontrar reseñado por mí mismo en este enlace.

Pero no estoy aquí para hablar de José Ángel, ni como científico ni tampoco como divulgador. Hoy toca hablar de otra faceta suya que me era desconocida hasta hace unas semanas, cuando cayó en mis manos Ádvent. ¿Y qué es Ádvent? Pues nada más y nada menos que una estupenda obra de ficción científica y ciencia ficción. Sí, porque el bueno de José Ángel también es escritor de y aficionado a la ciencia ficción.

En Ádvent nos narra un futuro en el que los humanos hemos desaparecido de la faz de la Tierra a causa de un virus cuya aparición ha sido provocada por el cambio climático. Sin embargo, nuestro planeta no ha quedado desierto, hemos sido sustituidos por unos androides con inteligencia artificial denominados ádvents. Con la excusa de una investigación "policial", la novela nos va dando a conocer la sociedad creada por los ádvents, cómo estos se limitan a "vivir" imitando a los humanos que los crearon y cómo su falta de experiencia y sentimientos les hace cometer errores o enfrentarse a situaciones ante las que no saben reaccionar. ¿Serán capaces de evolucionar? No os contaré nada más, para evitar los odiosos "espoilers".

La novela está estructurada en dos partes muy claramente diferenciadas. En el primer cuarto de la narración se expone, con un formato periodístico, y en orden cronológico, una sucesión de acontecimientos históricos que han jugado un papel determinante, tanto en la extinción de los seres humanos, como en el surgimiento de los ádvents. Estas noticias han sido recopiladas, ordenadas y clasificadas por uno de ellos: Valeria Polo, cuyo objeto de estudio es la historia y las costumbres humanas. Las otras tres cuartas partes constituyen la trama de la novela, propiamente dicha, con un inequívoco formato literario. La forma en que está escrita, con frecuentes "flashbacks" hace que las historias de los personajes se engarcen y entremezclen perfectamente y el lector se entere de todos los detalles sin necesidad de haber leído la primera parte, aunque a mí me resultara enormemente amena e interesante porque te hace introducirte en la historia de una forma distinta. Además, el ritmo es ligero, no decae en ningún momento de la narración, haciendo que la lectura resulte agradable, cosa que no consiguen todas las novelas de ciencia ficción que conozco (y no miro a nadie...).

En mi humilde opinión, Ádvent se encuentra a medio camino entre la ciencia ficción soft y la hard. Es cierto que la ciencia está tratada con exquisitez, con respeto, haciendo que tanto el argumento como los giros dramáticos resulten coherentes y creíbles, como no podía ser de otra forma, siendo quien es su autor. Por esta razón, puede considerarse Ádvent como ciencia ficción hard. Sin embargo, y a diferencia de otras obras, José Ángel no se enreda en disquisiciones enmarañadas, abstrusas y en complicaciones innecesarias, como sí hacen otros autores hard, que en muchas ocasiones hacen que la lectura se centre más en la parafernalia físico-matemática que en los caracteres y personajes o la trama, provocando la náusea y el cansancio del lector. No daré nombres...

En definitiva, un libro enormemente recomendable, desde mi punto de vista completamente sesgado (no es ningún secreto que adoro el género de ciencia ficción) y que hará las delicias de cualquier lector aficionado. Siempre resulta muy gratificante leer obras de autores españoles (no siempre suficientemente apreciados y valorados), más aún cuando son científicos profesionales, divulgadores excelentes y, por encima de todo, escriben bien.


El complejo de Copérnico (reseña)

Este libro de Caleb Scharf, director del departamento de astrobiología de la Universidad de Columbia y destacado colaborador de revistas como Science o Nature y canales de televisión como Discovery, plantea una pregunta clave desde el punto de vista filosófico-científico: ¿cuál es la relevancia del ser humano en el universo? Sin embargo, El complejo de Copérnico no es un libro de filosofía. La pregunta le sirve a su autor como excusa para hablar, sobre todo, de ciencia.

La mayor parte del texto, recientemente editado en español por Biblioteca Buridán, trata de cómo podemos llegar a responder a la pregunta anterior, de cómo nuestra búsqueda para entender cuál es nuestra relevancia cósmica está haciendo progresos prácticos que ponen en entredicho tantas ideas preconcebidas y tantas presunciones. Entre estas ideas destacan dos: el principio copernicano y el principio antrópico. El primer principio defiende la mediocridad o nula relevancia del ser humano en el universo, situándolo en un planeta normal que orbita una estrella normal en una galaxia normal. El segundo principio afirma todo lo contrario, es decir, somos especiales y nuestra existencia tan solo se puede explicar por una especie de "ajuste fino" de ciertos parámetros y fuerzas físicas: la proporción entre la fuerza gravitatoria y la eléctrica; el porcentaje de materia convertida en energía por la fusión nuclear en el interior de las estrellas; la densidad de materia normal en el universo; etc. Si queremos encontrar una respuesta satisfactoria a nuestra relevancia cósmica, Scharf aboga por buscar un camino entre las dos suposiciones anteriores (medianía y ajuste fino).

Pero, como ya he dicho, El complejo de Copérnico no es un libro propiamente de filosofía sino más bien de ciencia. No trata únicamente de saber si somos relevantes emocionalmente o filosóficamente, sino de forma objetiva y cuantitativa, con hechos y cifras, mirando hacia el tiempo y el espacio cósmicos o incluso hacia el microcosmos que nos rodea. Así, el autor nos lleva a lo largo del libro por un sendero en el que se pregunta por la historia de otros planetas, otros mundos en torno a otros soles de nuestra galaxia y más allá de ella. ¿Qué nos dicen la astrofísica moderna o la astrobiología acerca de nuestra mediocridad o relevancia cósmica?

Los descubrimientos más recientes de exoplanetas más allá del Sistema Solar no parecen tener un impacto simple porque, sorprendentemente, parecen reforzar al mismo tiempo tanto el punto de vista copernicano de mediocridad como el de que hay algo poco corriente y especial en nuestras circunstancias humanas. Hemos hallado una diversidad tan grande de mundos alienígenas que se nos plantean serias dudas acerca de cómo debemos cuantificar nuestra mediocridad cósmica. De hecho, nuestro sistema solar parece poseer características muy especiales entre otros sistemas solares asimismo muy especiales. Entre estos aspectos distintivos se encuentran, por citar solamente un par de ellos, la clase especial de nuestro Sol, que no figura entre los tipos más habituales de estrellas, o la elipticidad pequeña y poco común de las órbitas de nuestros planetas, todas ellas muy próximas a ser circunferencias.

Pero hay mucho más. Nuestro estudio de la cuestión no estaría completo si no somos conscientes plenamente de que es necesario incluir el paso del tiempo y la posibilidad del cambio en nuestra ecuación de la relevancia cósmica. A este respecto, la ciencia del caos también tiene algo que aportar. Descubrimientos recientes parecen predecir que nuestro sistema solar podría en un futuro comportarse de forma caótica, lo que conduciría a diferentes escenarios, algunos de ellos apocalípticos. Por otro lado, estos mismos estudios indican que nuestro sistema solar no se encuentra entre los sistemas planetarios que fueran particularmente caóticos en el pasado y ni siquiera los planetas de nuestro sistema solar parecen ser los tipos más comunes de planetas que pueblan nuestra galaxia, ni en tamaño ni en masa.

Otra cuestión decisiva es la que tiene que ver con la vida y, en concreto, con la química. La ubicuidad de la química del carbono en el cosmos que conocemos elimina cualquier gran sorpresa acerca de la propia bioquímica que poseemos en la Tierra. No poseemos una química especial los seres humanos, sino una parte de la química más variada y dominante de todo el universo. El mundo biológico-químico nos sitúa frente a frente con el que posiblemente puede ser el más grande de los retos a los que nos enfrentamos como especie si es que pretendemos averiguar cuál es nuestra relevancia cósmica: ¿estamos solos en el universo?

No sabemos cómo comenzó la vida en nuestro planeta, no sabemos si comenzó independientemente más de una vez o si lo hizo en algún otro exoplaneta. Algunos descubrimientos llevados a cabo en los últimos años y teorías propuestas sugieren que la vida podría fácilmente ser común y corriente; en cambio, otros sugieren todo lo contrario. Todo ello nos dice, sin lugar a dudas, que ahora mismo, en este preciso espacio-tiempo, nos falta información y que no hemos conseguido relacionar de una manera cuantitativa cuanto sabemos con el hecho de nuestra misma existencia. Más aún, ni siquiera tenemos la seguridad de que el universo que observamos hoy nos pueda contar la historia completa. Podríamos muy bien estar existiendo en el único período cósmico en el que la naturaleza del universo pueda inferirse a partir de observaciones de la realidad que nos rodea. Tanto es así que si hubiésemos existido hace 10.000 millones de años habríamos tenido muchas dificultades para detectar la emergencia de la energía oscura, por ejemplo, ya que apenas se habría manifestado como lo hace en la actualidad. Dentro de otros 100.000 millones de años, unos hipotéticos observadores del cosmos futuro decidirán con toda probabilidad que habitan en un universo completamente estático. ¿Y si en realidad nosotros fuésemos como ellos y nuestra visión de la realidad estuviese oscurecida por la propia naturaleza del universo? ¿Somos especiales o no, relevantes o mediocres?

El complejo de Copérnico finaliza proponiendo una nueva idea científica con respecto a nuestro lugar y relevancia en el cosmos, la que Caleb Scharf denomina principio cosmocaótico, alejado a partes iguales del principio copernicano y del antrópico, a medio camino entre el orden y el caos. Afirma que el lugar que ocupamos en el universo es especial pero no excesivamente importante; también es único pero no constituye en absoluto una excepción. Podríamos perfectamente ser seres especiales pero, al mismo tiempo, encontrarnos rodeados por infinidad de otras formas de vida de similar o superior complejidad, tan especiales o más que nosotros. Seguiremos buscando...


Vamos a comprar mentiras (reseña)

Si a estas alturas os tengo que presentar a José Manuel López Nicolás, una de dos: o bien es que estáis en un apuro y esto de la divulgación de la ciencia no es lo vuestro o, peor aún, lleváis muy poco tiempo leyéndome (tanto aquí en mi blog como en Twitter). Porque sí, porque Jose (así es como él se hace llamar, sin la horrible tilde diacrítica) es mi amigo, mi hermano del alma, pero, por encima de todo, porque Jose es un divulgador como la copa de un pino, tanto a través de su inmenso blog SCIENTIA, como en sus charlas por toda España, por la prensa y, ahora por fin, con su primer libro de divulgación: Vamos a comprar mentiras, editado por Ediciones Cálamo.

Veréis, esta no es una reseña cualquiera, no, ni mucho menos. ¿Por qué? Pues por una sencilla razón, aparte de la sentimental que me une con el autor del libro que hoy os traigo. Vamos a comprar mentiras es un libro muy especial para mí porque tuve el enorme privilegio de poder leerlo cuando aún estaba sin publicar, cuando ni siquiera tenía editorial que se hiciese cargo de su edición. Jose me había hablado largo y tendido de los problemas por los que había pasado con el manuscrito original y yo siempre le animé a que intentase por todos los medios encontrar una editorial. El material era demasiado bueno como para perderse.

Cuando por fin, tras muchos dimes y diretes (él lo sabe y yo también) la obra vio la luz el mes pasado, sentí que un sueño se había hecho realidad porque los sueños de mis amigos también son mis sueños. Sentí una especie de relax infinito, casi como si yo mismo fuese el autor. Entonces, Jose me hizo uno de los mejores regalos que se pueden hacer, una copia dedicada y firmada personalmente solo para mí. ¡Gracias, Jose! La guardaré como oro en paño, casi como si fuese el Anillo Único, tú ya me entiendes, ¿verdad?

Después de esta introducción necesaria pero no por ello menos sincera, voy con lo verdaderamente importante, que es lo que uno halla en cuanto abre el libro por la primera página. Se encuentra con 16 capítulos a cual más imprescindible, cada uno de ellos dedicado a un tema de absoluta necesidad, tanto para una persona que lo quiera leer como mero consumidor de productos de alimentación y cosmética, como para alguien que, además, esté interesado en la ciencia que hay tras estos productos, que no es poca. Vamos a comprar mentiras hará las delicias de cualesquiera de estas personas porque mezcla ambas vertientes a partes iguales. Pero no acaban ahí las virtudes del libro porque la maestría con la que Jose cuenta las cosas "a su estilo" es fresca, directa, sin tapujos, con su sentido del humor único, con una claridad y sencillez tan elegantes que más bien parece que estamos leyendo una novela. Y la trama es, en ocasiones, electrizante y te lleva de una página a la siguiente, quieres averiguar más, descubrir qué sucede después, un capítulo tras otro.

Por las 360 páginas de Vamos a comprar mentiras (¿habrá algún otro título que exprese en tan pocas palabras el contenido del mismo?) pasan las grandes mentiras y las triquiñuelas legales que emplean las grandes empresas de alimentación y cosmética para aprovecharse de nosotros, los consumidores; para abusar gracias a los resquicios que les deja la normativa y la legislación vigentes y sacarnos los cuartos mientras nos prometen el elixir de la eterna juventud, el desarrollo de una mente prodigiosa, el cuerpo perfecto y hasta la piedra filosofal si hace falta. Los alimentos funcionales, productos enriquecidos con ingredientes casi milagrosos, los riquísimos (lo reconozco, su sabor me chifla) pero inútiles Actimel-es de Danone, las mil y una leches para niños o adultos, los productos reductores del mal comprendido colesterol, la molesta y flatulenta lactosa, las bebidas energéticas para volar sin alas, los colorantes, los conservantes, los nano-productos, las píldoras adelgazantes que hacen menos milagros que un crucifijo de Jesucristo, las cremas y demás productos de belleza que, de existir realmente y realizar lo que prometen, todas las mujeres serían como Scarlett Johansson y todos los hombres como yo. Todo ello pasa por la mente crítica y la pluma implacable de Jose. No se deja títere con cabeza, aunque una cabeza bien amueblada es lo único que hace falta para desmontar toda la sarta de embustes, mentiras, trucos y prestidigitaciones que las empresas nos tienen preparados una vez sí y otra también para hacernos pagar fortunas por productos que no necesitamos y que podemos suplir perfectamente en la gran mayoría de las ocasiones por otros de fácil acceso y muchísimo más económicos.

En este sentido, el libro de Jose no se limita a enseñar la ciencia relacionada con la alimentación y la cosmética; tampoco a desenmascarar las estratagemas de las empresas para saltarse las leyes. No, va más allá aún y nos educa, nos enseña a tomar nuestras propias decisiones, a hacer nuestras propias elecciones, pero proporcionándonos herramientas científicas (en ocasiones, de simple sentido común) y argumentos basados en evidencias demostrables. Y esto Jose lo hace como nadie... porque no hay nadie como él. Háganse un favor tan grande como el que Jose nos ha hecho a todos escribiendo un libro como este y léanlo. Casi seguro que no se arrepentirán y, si lo hacen, yo personalmente me encargaré de que su autor les devuelva el dinero...


Aproxímate (reseña)

Si no me falla la memoria, éste es el sexto libro que publica Javier Fernández Panadero, todos ellos en la editorial Páginas de Espuma. Son libros absolutamente para todos los públicos, pues Javi ya lo advierte en la portada de cada uno de ellos, donde pone bien visible: LA CIENCIA PARA TODOS.

Hace unos cuantos años, durante unas jornadas a las que asistí como invitado-ponente celebradas en CosmoCaixa-Alcobendas tuve el privilegio de conocer personalmente a Javi. Curiosamente, él también me conocía a mí, aunque fuera de oídas. Se me acercó, se presentó y comimos juntos. Desde entonces, nos queremos, nos respetamos y hemos compartido alguna que otra Fanta, que es la única bebida alcohólica que bebe este profesor de Secundaria, uno de los mejores que conozco, sin duda, y no conozco pocos.

Javi fue el primer autor de libros de ciencia cuya mano estreché, pues yo era un recién aterrizado en este mundillo de la divulgación científica, y me hizo una ilusión enorme. Ha llovido mucho desde entonces y ahora, pasada casi una década, puedo decir que tengo el enorme privilegio de contar con la amistad de no pocos, y de haber leído y disfrutado muchos de sus libros.

Pero no he venido aquí a dejarme seducir por la nostalgia, ni mucho menos. Muy al contrario, me dispongo a reseñar la última joya que ha salido de la pluma de Javi, y antes de comenzar, quiero dejar muy claro que es la mejor (para mi gusto y en mi humilde opinión) de las seis.

Aproxímate es el breve pero conciso título (y no carente de un segundo sentido, no sé si intencionado o no) del libro del que pretendo hablaros a continuación. Para empezar, un detalle menor en apariencia pero que para mí siempre juega un papel decisivo: la portada. La portada de Aproxímate es espectacular, destaca ya a una cierta distancia en la estantería de cualquier expositor de libros y te llama, te invita a "aproximarte". Fue verla por primera vez y decirme: ahí dentro tiene que haber algo especial. Tiene sencillez, un cierto toque naíf y, al mismo tiempo, describe perfectamente lo que incluye en su interior. Un trabajo redondo.

No obstante, lo mejor está dentro, en cuanto abres el libro. Ya en la Introducción, la primera frase es definitoria de cómo Javi entiende la divulgación científica y cuál es su filosofía a la hora de divulgar, de enseñar, de transmitir lo que nos pretende contar. Con su permiso, copio literalmente:

"Si me preguntas cualquier cosa sobre el mundo, mi respuesta será una de estas dos:

1. No lo sé.
2. Depende."

¿Se puede ser más sincero y humilde? Pienso que no y es porque, como él, yo también comulgo con la idea de que es preferible decir que no sabes algo a creer que eres la pera limonera. La ciencia es duda constante y la divulgación de la ciencia es la lucha constante contra la duda del que te escucha y quiere que le expliques, le ayudes a entender, a descubrir, a pensar por sí mismo.

Animar a pensar por uno mismo es el objetivo principal del libro de Javi porque como también él mismo afirma en varios capítulos "una de las cosas que más nos gusta de la ciencia es la libertad para poder construir nuestras propias certezas." Pero no os confundáis, que fomentar e inculcar el pensamiento crítico, el escepticismo en los demás no está al alcance de cualquiera y en esto Javi es un m-a-e-s-t-r-o, con todas las letras. Para ello, se sirve de lo que más atrae la atención y el interés de la gente, y no es otra cosa que los ejemplos cotidianos, los que nos podemos encontrar en tantas y tantas situaciones de nuestras vidas. Y eso es otra de las virtudes de los libros de Javi, que al mismo tiempo que nos enseña ciencia, nos da lecciones de vida. Somos afortunados por tener profesores a tiempo completo como él.

Mientras leía Aproxímate, le iba dando la paliza a Javi por Twitter. El primer día le escribí: "Ya he leído 100 páginas de tu libro". Al día siguiente: "Jefe, 200 páginas liquidadas de tu libro. Mañana liquidao...". Por fin, al tercer día: "Libro terminado, compi. Me ha encantado, de verdad." Y es que es la pura verdad, en tres tardes lo devoré porque es muy ligero, ágil y se lee muy fácil, las explicaciones son muy claras y se siguen sin dificultad. Es ciencia para todos, sin necesidad de conocimientos previos. De hecho, ambos pensamos que el libro sería especialmente conveniente y adecuado para personas de las que odiosamente llamamos "de letras". Porque por las 254 páginas de Aproxímate desfilan invitaciones a construirnos certezas, a medir, a intentar, a probar una y otra vez, cada intento un poco mejor que el anterior, cosas que están al alcance de todos y con las que nos podemos encontrar a diario, tanto en clase como en casa, el supermercado, la urna de las elecciones, la administración de loterías, la cocina o la farmacia y la tienda de electrodomésticos, por citar tan sólo algunos ejemplos.

El libro está dividido en 49 capítulos muy breves, de 4-5 páginas, incluso menos. En cada uno se explica uno o varios conceptos muy sencillos pero de enorme utilidad a la hora de ayudarnos a tomar una decisión fundamentada, razonada, sobre algún asunto que afecta o podría afectarnos en nuestra vida. En este sentido, me han gustado especialmente los dedicados a la cantidad de agua desperdiciada cuando nos cepillamos los dientes o nos duchamos sin mucha atención; el exceso de azúcar en las bebidas refrescantes que ingieren nuestros hijos; el sesgo que se introduce durante los sorteos por la letra del apellido; la improbabilidad de hacerse millonario en los juegos de azar; los ensayos clínicos a doble ciego; el uso malintencionado de las gráficas; el timo de la homeopatía; la eficiencia de los electrodomésticos; los descuentos engañosos de algunos establecimientos con pocos escrúpulos; cómo aproximarnos al número pi sin más que arrojar granos de arroz a un círculo y un cuadrado dibujados en el suelo. Todos y cada uno al alcance de cualquier persona que quiera aprender a pensar como un científico sin querer serlo necesariamente y sin caer en los sesgos cognitivos en que caemos en ocasiones incluso los que nos dedicamos profesionalmente a la ciencia.

En definitiva, un libro para curarse de anumerismo y mimar el sentido común que tan descuidado tenemos en los tiempos que corren. Un libro que puede ser enormemente útil para la gente joven, sobre todo si hacen caso de las pistas, enlaces y reclamos constantes que les deja el autor en todas y cada una de las páginas de Aproxímate. ¡Aproximaos, no tengáis ningún temor! El rey de los popularizadores os mostrará el camino. Esto es auténtica CIENCIA PARA TODOS. 


Antes del alba (reseña)

Nicholas Wade, entre otros muchos méritos, ha sido editor y colaborador de las revistas Nature y Science durante 15 años. En Antes del alba: recuperando la historia perdida de nuestros ancestros  (Biblioteca Buridán, 2015) hace un repaso extraordinariamente ameno y documentado de los orígenes del ser humano, desde que se separó hace 5 millones de años del antepasado común que compartió con los chimpancés.

El libro de Wade está organizado en 12 capítulos que abordan cuestiones tan interesantes como la salida de las primeras poblaciones ancestrales del continente africano, un grupo de seres humanos que probablemente no contaba con más de 150 individuos; su expansión hacia los otros continentes; la evolución de una vida nómada basada en la caza y recolección hacia la agricultura y el asentamiento en pequeños poblados; el origen del lenguaje moderno, hace unos 50.000 años; la socialidad; la aparición de las distintas razas, un concepto que aún suscita debates encendidos entre los expertos. 

Escrito con un lenguaje muy accesible y utilizando únicamente los tecnicismos justos, Wade nos va mostrando con maestría y capacidad divulgadora los avances más recientes en los campos de la  arqueología, la paleontología, la antropología y muy especialmente de la lingüística y la genética. Construye así una historia coherente y consistente con la teoría de la evolución que aporta un gran número de respuestas a temas que van desde la metamorfosis de los simios hasta convertirse en humanos, la pérdida del pelaje, la presencia de presiones evolutivas para la aparición del lenguaje y la más que probable existencia de un gen asociado al mismo, el papel de la agresividad y las guerras en el desarrollo de sociedades curiosamente más pacíficas, el canibalismo, la aparición y evolución de la religión, la privacidad del sexo y su efecto apaciguador de la agresión entre machos hasta llegar al ser humano moderno, sobre quien aún sigue ejerciendo su peso la evolución darwiniana, una fuerza activa y vigorosa. ¿Hacia dónde irá en el futuro? Evidentemente, la genética tiene mucho que decir al respecto; muchas cuestiones ya han sido respondidas y otras muchas permanecen abiertas. Los futuros evolutivos humanos son muchos, sin duda; algunos de ellos serán forjados por el azar y los cambios aleatorios pero otros, a buen seguro, vendrán dados por la propia elección que hagamos. Estamos trabajando en ello...


¿Hubo algo oscuro en la muerte de los dinosaurios?

Hace un par de días terminé de leer el último libro publicado (hasta la fecha) de Lisa Randall, una de las físicas más prominentes de la actualidad y profesora en la universidad de Harvard, además de enorme divulgadora. Su libro me ha dejado tan apabullado que no he podido resistir la tentación de escribir unos párrafos sobre el mismo, a pesar de que solamente reseño los libros que me regalan las editoriales y este no ha sido el caso, desafortunadamente.

"Dark Matter and the Dinosaurs" (Ecco, 2015) es el título del libro aludido y, como ya indica sin ningún género de duda, trata sobre la posibilidad, la audaz posibilidad de que la extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años, se debiese al impacto de un cometa de 10-15 km de diámetro y cuyo periplo por una región indeterminada de la nube de Oort pudo ser perturbado a causa de algo aparentemente increíble: nada menos que un disco de materia oscura situado en el plano de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

Los últimos datos proporcionados por satélites indican que el universo se creó hace poco más de 13.700 millones de años y que la distribución de masa-energía se corresponde con un 5 % de materia ordinaria (protones, neutrones, electrones, etc.), otro 27 % de materia oscura y un 68 % de energía oscura. De la identidad de estas dos últimas clases NO tenemos mucha idea, por decirlo suavemente, y constituyen dos de los mayores enigmas de la física actual. Los físicos tenemos una tendencia enfermiza a poner el adjetivo "oscuro/a" a todo aquel concepto que ignoramos.

El libro de Randall está dedicado al primero de estos términos: materia oscura. ¿Por qué sabemos/creemos que existe la materia oscura? Pues porque, entre otros motivos, la materia ordinaria resulta insuficiente para explicar el movimiento de las estrellas en el seno de las galaxias. Simulaciones por ordenador han mostrado que la materia oscura debe rodear a los discos galácticos y distribuirse esféricamente por los halos de las galaxias, a diferencia de la materia ordinaria, que se concentra muy preferentemente en el plano galáctico, con las consiguientes formas elípticas o espirales tan características que podemos contemplar en las fotografías tomadas por los telescopios.


Sabemos también que la materia oscura, a pesar de nuestra enorme ignorancia acerca de su naturaleza, solo interacciona gravitatoriamente y de ahí que su existencia fuera propuesta por primera vez por Fritz Zwicky hace más de 80 años al constatar los valores aparentemente anómalos de las velocidades de las galaxias en el seno de los cúmulos. Desde entonces se han propuesto diversas explicaciones que darían cuenta de tan enigmática sustancia: WIMPs, neutrinos, axiones, MACHOs. Todas ellas han fracasado, en mayor o menor medida, aunque la comunidad científica es consciente de que las evidencias observacionales disponibles actualmente podrían ser insuficientes a la hora de descartar definitivamente a alguno de los modelos propuestos. En este sentido, y en los últimos años sobre todo, se están construyendo por todo el mundo, enormes instalaciones para detección, tanto directa como indirecta, de partículas de materia oscura.

Hasta hace muy pocos años los físicos mantenían la opinión de que la materia oscura estaba formada por una sola clase de partículas desconocidas que presentaba únicamente interacción gravitatoria, a diferencia de la materia ordinaria (que presenta, además, interacciones nucleares y electromagnéticas). No obstante, Lisa Randall ha ido más allá y ha sugerido que, probablemente, nuestra visión es demasiado limitada: por qué no suponer que la materia oscura está constituida por más de una clase de partículas; más aún, por qué no admitir que una de estas "otras" partículas interacciona consigo misma o con la materia ordinaria a través de lo que Randall y sus colaboradores denominan "luz oscura" (¿veis otra vez el maldito adjetivo "oscura" para aludir a algo que no se conoce?).

Cuenta la doctora Randall en su libro que este se originó a raíz de una pregunta que le formuló nada menos que  Paul Davies durante una conferencia allá por finales de 2013. A Randall le dejó tan perpleja la cuestión que decidió investigar el tema de la posible relación entre la materia oscura y el meteoroide que causó la extinción de los dinosaurios en la Tierra. Le propuso el tema a uno de sus colaboradores, Matthew Reece, y ambos publicaron sus resultados en la prestigiosa revista Physical Review Letters en abril de 2014. En este "paper" ambos proponían la existencia de un disco formado por materia oscura interactiva distribuido en el plano de nuestra galaxia, cuya densidad no superaría las 10 masas solares por pársec cuadrado y con unos pocos cientos de años luz de espesor, menos del 10 % del espesor del disco de materia ordinaria.


A estas alturas, la pregunta que nos podríamos estar haciendo es la siguiente: ¿por qué postular la existencia de un disco de materia oscura en el plano galáctico? La respuesta resulta, sin embargo, bastante más sencilla que la explicación. Resulta que, a pesar del conocimiento más o menos preciso que tenemos sobre la distribución de la cantidad de masa-energía en el universo, lo cierto es que la densidad de esta materia-energía no es capaz de explicar, entre otras cosas, la distribución observada de galaxias enanas en los cúmulos. En cambio, admitiendo la existencia del disco de materia oscura, no resulta demasiado difícil encajar los resultados teóricos con los observacionales. Por supuesto, todo ello con la característica cautela que debe acompañar a la buena ciencia y siendo conscientes en todo momento de que una observación más fina en un futuro cercano (mediante el empleo de telescopios y satélites cada vez más sofisticados y precisos) podría llegar a apoyar o descartar el audaz modelo propuesto.

En relación con lo establecido en el último párrafo, las simulaciones llevadas a cabo por Randall y sus colaboradores no solamente se contrastaron con los datos astrofísicos conocidos, sino también con los proporcionados por la paleontología, la geología o la biología. A partir de los descubrimientos proporcionados por estas ramas científicas se ha establecido, a través del estudio de los cráteres o los registros fósiles, una presunta periodicidad en los impactos de grandes meteoroides de unos 30-35 millones de años y que podrían ser causantes de extinciones globales, entre ellas la más célebre, la que habría provocado la desaparición de los dinosaurios hace 66 millones de años. Sorprendentemente, nuestro Sistema Solar presenta el mismo período temporal citado más arriba en su movimiento oscilatorio de "arriba y abajo" mientras atraviesa por encima y por debajo el plano de la Vía Láctea, descrito en combinación con la propia rotación alrededor del centro galáctico cada 240 millones de años.

Armados con estos datos, Randall y sus colaboradores han propuesto que durante uno de estos pasos de nuestro Sistema Solar por el plano galáctico cada 30-35 millones de años, en el transcurso del penúltimo de ellos, un cuerpo que se encontraba en alguna región indeterminada de la nube de Oort, con un tamaño aproximado de entre 10 y 15 kilómetros se vio perturbado por la fuerza gravitatoria combinada de la materia ordinaria y materia oscura presentes en el plano del disco galáctico, siendo expulsado de su órbita y enviado hacia el interior de nuestro Sistema Solar en rumbo de colisión con la Tierra. Lo demás ya es historia de nuestro planeta. De aquel impacto surgieron las raíces de un árbol que, millones de años después, daría lugar a las criaturas capaces de preguntarse acerca de lo que fue su origen, quizá un "oscuro" comienzo. El tiempo y nuestros instrumentos lo dirán...




Orígenes. El universo, la vida, los humanos (reseña)

Mi pequeña historia con el libro objeto de la presente reseña ha sido increíble. Uno de sus autores, Carlos Briones, amigo y colega, con quien he compartido mesa y cubiertos y estupendas conversaciones durante las comidas en el evento Naukas Bilbao, tuvo a bien recomendarme a su editorial para que ésta me enviase un ejemplar de Orígenes. El universo, la vida, los humanos. Corría más o menos el mes de septiembre pasado. Me puse enormemente contento y la ansiedad comenzó a devorarme, cosa habitual en este impresentable que os escribe. Yo ya había leído otro de los maravillosos libros de Carlos Briones (tal y como reseñé aquí mismo) y la impaciencia por volver a disfrutar de su última criatura era casi insoportable. Así pues, esperé a que el servicio de mensajería o correos hiciese su trabajo. Pasaron los días, las semanas y el libro no llegaba (ya me había sucedido algo parecido con otros libros de la misma editorial, así que me lo tomé como algo "normal"). A primeros del mes de noviembre aún seguía esperando, así que decidí escribir a Carlos para decirle que finalmente me había decidido a no esperar más y ese mismo día acudí a una librería a comprarlo. Por aquel entonces, mi pila de lecturas pendientes ya había vuelto a crecer hasta un límite suficientemente alarmante y Orígenes pasó a ocupar unos cuantos peldaños por debajo. Y entonces, el 3 de este mismo mes de diciembre, al llegar a mi despacho en la universidad, me encuentro un paquete postal de la editorial Crítica con el ejemplar largamente deseado. Habían transcurrido tres meses y ahora descansaban en mis estantes dos ejemplares del mismo libro. ¿No quieres taza? Pues toma dos. Ipso facto se lo comuniqué a Carlos, nos echamos unas risas por Twitter y le dije que procedería según una norma no escrita que siempre aplico en casos similares: los ejemplares que tengo duplicados o las ediciones anteriores de libros de texto que me envían las editoriales siempre los regalo a mis estudiantes universitarios. Me gusta hacer felices a las personas.

El caso es que anteayer mismo terminé de leer Orígenes. Sus autores son, aparte del citado Carlos Briones, Alberto Fernández Soto y José María Bermúdez de Castro. ¿Y por qué tres autores y seis manos? Pues porque el libro lo requiere. Como muy bien dice su título: El universo, la vida, los humanos, Orígenes es en realidad tres libros pero no independientes. Muy al contrario, los tres se encuentran profunda y sustancialmente interrelacionados. Y, por supuesto, cada uno de los tres ha sido escrito por un autor distinto, todos ellos reputadísimos científicos del CSIC con gran experiencia en los temas abordados.

Comienza Orígenes por la física, con 113 páginas a cargo de Alberto Fernández Soto. Confieso que esta es la parte que más he disfrutado, pero no por su calidad ni nada parecido, sino simple y llanamente porque yo soy físico y gran aficionado a la cosmología y la astrofísica, que son los temas que aborda Alberto. Empezando por las bases del modelo actualmente aceptado del Big Bang, pasando por el Modelo Estándar de la física de partículas y las evidencias observacionales principales, como son la expansión del universo descubierta por Edwin Hubble, la síntesis de los núcleos atómicos primordiales y el fondo cósmico de microondas, para finalizar con los descubrimientos más recientes como el de la energía oscura, que puede aportar la respuesta a la pregunta del destino final de nuestro universo, Alberto nos deja en ese justo punto donde siempre suele dejarnos toda disciplina científica y que no es otro que aquel en el que el número de nuevas preguntas supera al anterior. Cuanto más sabemos y aprendemos, tanto más descubrimos que ignoramos y la rueda nunca deja aparentemente de girar. ¿Hay algo más emocionante y estimulante?

A continuación, el bloque dedicado a la biología, a cargo de Carlos Briones, el más extenso, con casi 200 páginas. No me ha parecido un bloque fácil de leer, pero no creo que haya sido culpa de Carlos. Soy un absoluto torpe e inepto para la biología, siempre lo he sido y creo que moriré con la misma ineptitud, a pesar de luchar un día tras otro contra ella. Cuando empiezan a aparecer términos como ribozimas, ribosomas, mitocondrias, nucleótidos, aminoácidos, proteínas, lípidos, nucleico, desoxirribonucleico, ribonucleico, me vuelvo el más absoluto de los obtusos. Suelo perderme entre toda esa terminología y jerga técnica de bases nitrogenadas y mis procariotas y eucariotas se rebelan de forma irracional. Los diez capítulos a lo largo de los cuales se extiende Carlos Briones seguramente harán las delicias de todos aquellos que no sean tan lerdos como yo porque si algo destaca especialmente en las 193 páginas escritas por el bueno de Carlos es la profusión de referencias y estudios, tanto clásicos como recientes (de hecho, esta es una característica de todo el libro, en el que abundan las citas a trabajos llevados a cabo incluso pocos meses antes de editarse el libro).

No obstante, he disfrutado muchísimo de algunos capítulos puntuales, aquellos en que se habla de las ideas pioneras acerca del origen de la vida en nuestro planeta, como la ya célebre sopa de Oparin o Haldane; o las condiciones químicas primigenias en la Tierra, las contribuciones a la química prebiótica de genios como Miller y Joan Oró; el capítulo dedicado a los virus y viroides, con su enorme y decisiva influencia en el desarrollo de la vida tal y como la conocemos; el papel de los genomas; los siempre impresionates extremófilos, para finalizar brillantemente con el origen y evolución de las células con núcleo, los organismos eucariotas y la Explosión cámbrica. En definitiva,  Carlos Briones nos deja a las puertas del tercer y último bloque del libro, tras un deslumbrante y estimulante paseo por millones de años de evolución.

José María Bermúdez de Castro es el encargado de contarnos el origen del ser humano, desde nuestros antepasados más lejanos hasta el hombre actual a lo largo de las últimas 127 páginas. Me ha gustado especialmente la forma en que José María ha titulado los capítulos, con una terminología basada en el lenguaje musical y que al mismo tiempo guarda una relación lógica y perfecta con el contenido de los mismos.

Las pruebas y evidencias aportadas por los registros fósiles, tan escasos en muchas ocasiones, han sido enriquecidas en las últimas décadas por los hallazgos proporcionados por la genética e incluso la física, haciendo de la paleoantropología una ciencia con un marcado carácter interdisciplinar. Y, al final del camino, siempre lo mismo: muchas respuestas, nuevas preguntas, más enigmas que resolver y vuelta a empezar. Con la diferencia de que, aun sin darnos cuenta, somos un poco más sabios. Porque la sabiduría no reside en acumular conocimientos sino en plantear otros por conocer. Esto es lo que nos diferencia como humanos del resto de las criaturas que comparten el planeta Tierra con nosotros.

No quiero finalizar esta breve reseña, que no hace honor en absoluto a la calidad del libro, sin mencionar las maravillosas ilustraciones que lo acompañan, el Prólogo a cargo de Ricard Solé y el estremecedor y emocionante Epílogo con el que concluyen las casi 500 páginas de esta joya, que a buen seguro constituirá una de las tres lecturas obligatorias que impongo a mis estudiantes de primer curso del grado en Biología cada curso académico. Ellos me proporcionarán una calibración más adecuada, natural y espontánea que la que me permiten mi senectud y mis prejuicios. Os mantendré informados...