Mostrando entradas con la etiqueta Hancock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hancock. Mostrar todas las entradas

Juntos pero no entrelazados: ¿Tensión sexual no resuelta entre superhéroes cuánticos? (3ª parte)

El argumento empleado por Einstein partía del concepto de localidad. Así, el bueno de Albert pensaba que el hecho mismo de medir el estado de una de las dos partículas entrelazadas no podía afectar a la otra, al menos de manera instantánea. La razón era el carácter finito de la velocidad de la luz. En efecto, supongamos que ambas partículas se encuentran separadas por cien años luz de distancia y efectuamos una medida del estado cuántico de una de ellas. Según la física relativista, ninguna información se puede transmitir a la otra en un tiempo inferior a cien años. De hecho, fue el mismo Albert Einstein, en compañía de Boris Podolsky y Nathan Rosen quienes idearon un experimento mental que pretendía poner en duda el carácter indeterminista y no local de la mecánica cuántica. Dicho experimento ha pasado a la historia de la física bajo el nombre de argumento o paradoja EPR (según las iniciales de los apellidos de los tres autores).

Lo que molestaba a Einstein era que las propiedades cuánticas de las partículas fuesen indeterminadas hasta el mismo instante en que se llevaba a cabo el proceso de medida de su estado, permaneciendo hasta entonces en una especie de estado aleatorio completamente indeterminado. Einstein, Podolsky y Rosen defendían la teoría de variables ocultas local, donde la expresión "variable oculta" indica que, a pesar de que todas las cantidades que pueden medirse poseen valores definidos, las personas que realizan el experimento no conocen éstos; por su parte, el adjetivo "local" nos indica que tanto las medidas como las interacciones en un determinado punto del espacio solamente son capaces de afectar de forma instantánea a cosas que se encuentren en el entorno inmediato de dicho punto.

¿Cómo era posible que dos partículas entrelazadas se influyeran de forma inmediata, fuese cual fuese la distancia que las separaba? La explicación EPR era muy sencilla: simplemente, la mecánica cuántica era una teoría incompleta; debían de existir forzosamente variables ocultas que no se conocían y que constituirían los ladrillos que faltaban en el muro cuántico.

Sin embargo, la teoría cuántica, con su defensor más acérrimo al frente, nada menos que Niels Bohr, saldría airosa, como en tantas otras ocasiones, de los desafíos impuestos una y otra vez por Albert Einstein. Pero sería el decisivo trabajo de John Bell el que pondría en jaque los argumentos del genio de Ulm. Bell enunciaría un famoso teorema en el que dedujo una serie de desigualdades. En el caso de que éstas no se cumpliesen la mecánica cuántica sería correcta; en caso contrario, Einstein y la teoría de variables ocultas local saldría triunfante. Todos los experimentos llevados a cabo en los años posteriores al enunciado del teorema de Bell (Clauser, Horne, Shimony, Holt) han llegado siempre a la misma conclusión: la mecánica cuántica es el modelo correcto de la naturaleza y su carácter es no local.


Uno de los experimentos más famosos fue el llevado a cabo por Alain Aspect, que demostró que cualquier señal transmitida entre las dos partículas entrelazadas empleadas debería haber viajado a una velocidad mayor que la de la luz para que éstas se hubiesen "comunicado". Aún más lejos iría Nicolas Gisin, en los años 1990, al emplear fibras ópticas con un recorrido superior a los 10 km (desde entonces su experimento se conoce como "el de los 10 km"). El montaje experimental era tal que la información transmitida entre los dos fotones entrelazados tendría que haber superado la velocidad de la luz en un factor de casi 10 millones. Incluso el entrelazamiento triple, con tres partículas, como el que realizaron Horne, Greenberger y Zeilinger, le ha dado la razón a la no localidad de la mecánica cuántica.

Pero volvamos, una vez más, a nuestra pareja de superhéroes entrelazados. Una vez que han herido a Hancock y se encuentra hospitalizado, Mary le desvela que sus superpoderes se debilitan a causa de la proximidad entre ellos. Es más, cuando Hancock es atacado por un peligroso delincuente que le había jurado venganza, éste acaba hiriendo mortalmente a Mary. A partir de este momento, todos los golpes y el dolor que Hancock experimenta, es igualmente sentido de forma instantánea por Mary y viceversa. ¿Cuál es entonces la solución adoptada por aquél? Nada menos que alejarse lo más posible de su compañera. Cuanto mayor es la distancia de por medio, tanto menor es la influencia del dolor sentido por uno sobre el del otro. ¿Qué está ocurriendo? ¿Están ambos entrelazados cuánticamente o no? ¿No acabamos de ver en los párrafos anteriores que la distancia entre las partículas entrelazadas no tiene absolutamente ninguna influencia sobre el estado cuántico de una de ellas cuando se efectúa una medida sobre el estado de la otra?


Lo cierto es que la única explicación que se me ocurre tiene que ver con la propia naturaleza del estado entrelazado. Por un lado, aunque algunos átomos, al ser excitados, emiten pares o incluso tríos de fotones que están entrelazados, nadie entiende demasiado bien por qué se produce el fenómeno; sabemos que existe pero no la razón de su existencia. Por otro lado, lograr entrelazar un par de partículas resulta extraordinariamente complicado (en ocasiones se han llegado a requerir hasta 45 millones de intentos antes de alcanzar el éxito) y cuando ya se ha conseguido, mantenerlo se hace igualmente difícil, destruyéndose el efecto con relativa facilidad. Quizá Hancock posea el secreto para llevarlo a cabo de forma infalible a voluntad...



Fuentes:

Entrelazamiento: el mayor misterio de la física. Amir D. Aczel. Crítica. 2008.

Conversaciones de física con mi perro. Chad Orzel. Ariel. 2010.

Cómo clonar a la rubia perfecta: una crónica de la ciencia a principios del siglo XXI. Nowtilus. 2005.



Juntos pero no entrelazados: ¿Tensión sexual no resuelta entre superhéroes cuánticos? (2ª parte)

¿A qué física está aludiendo Mary? ¿Se trata de alguna misteriosa fuerza de naturaleza eléctrica? ¿Poseen ambos cargas eléctricas opuestas, quizá como consecuencia de sus carreras a altas velocidades, a semejanza de lo que les sucede a las carrocerías de los automóviles? ¿Se trata de una interacción magnética? ¿Se comporta Mary como un polo norte y Hancock como un polo sur o viceversa? No parece demasiado probable, aunque sea lo primero que os haya venido a la mente. Aún menos posible resulta que sean víctimas de una descomunal fuerza gravitatoria, ya que deberíamos explicar de dónde saldría la ingente masa de sus cuerpos, pues de todos es sabido que la interacción gravitatoria es muchísimos órdenes de magnitud inferior a la eléctrica o la magnética. Sí, ya sé que estoy tratando con superhéroes y se puede admitir que son capaces de modificar a voluntad el peso de sus cuerpos, pero prescindiré de esta explicación hoy.

Cada cual es libre de elegir la justificación que más guste para la afirmación de Mary, pero a mí personalmente eso de que "fuimos creados a pares" me suena y me recuerda horrores el fenómeno conocido como entrelazamiento cuántico (en ocasiones, enmarañamiento). ¿Esto no os lo esperabais, eh? Bueno, lo cierto es que no me extraña. Al fin y al cabo este blog es así de bueno porque mis ocurrencias no son ni medio normales y del fondo de mi enferma quijotera salen las ideas más desquiciadas. Claro que yo juego con ventaja y me he guardado en la manga alguna que otra frasecita más sugerente que aparece en el film. Dejadme que os cuente.

En otro momento de la película, Hancock se encuentra en una tienda de licores, cuando ésta está siendo asaltada. En la confusión del momento, el atracador dispara su arma de fuego sobre Hancock, hiriéndole gravemente. ¿Cómo? ¿Herido gravemente por una bala? ¿Pero no es un superhéroe? En efecto, la sorpresa de nuestro superhéroe es mayúscula y, al igual que todos nosotros, se queda de piedra cuando contempla su propia sangre. ¿Qué le está sucediendo? Dejemos que sea la propia Mary quien se lo explique, a los pies de su cama en el hospital.


-M: Te conviertes en mortal. Somos nosotros, al estar tan cerca. Jamás había pasado con tanta rapidez. Nos va a pasar a los dos. Cuanto más lejos estés de mí, mejor te encontrarás. Recuperarás tus poderes pronto. Volverás a volar y a romper cosas y a salvar a las personas. Es como te decía antes, nos crearon por parejas. Y al aproximarnos a nuestra pareja perdemos nuestros poderes.

-H: ¿Por qué?

-M: Para que podamos disfrutar de una vida humana.


Esto sí que ya es definitivo y apesta descaradamente a entrelazamiento cuántico, no me cabe la menor duda. Os diré por qué.

El fenómeno físico conocido como entrelazamiento cuántico tiene que ver fundamentalmente con las correlaciones entre los estados de dos objetos. Lo que pasa es que esos objetos no suelen ser cualesquiera. Si habéis oído hablar en alguna ocasión de la dualidad onda-partícula sabréis que, por ejemplo, las partículas subatómicas como electrones, protones o fotones, entre muchas otras, presentan dos comportamientos: a grandes velocidades o energías se comportan básicamente como corpúsculos, digamos que como proyectiles; sin embargo, en otras ocasiones su comportamiento se asemeja más al de las ondas. Y las ondas tienen la molesta propiedad de poder estar en más de un sitio al mismo tiempo, de esparcirse por el espacio. Y, claro, eso tiene sus consecuencias. Cosas de la física cuántica...


Bien, imaginemos por un momento a Hancock y Mary como si fueran dos entidades subatómicas que pudiesen comportarse como personas adultas. Suponed que cada uno de ellos es capaz de encontrarse en dos estados mutuamente excluyentes de lo más cotidianos: cachondo y jaquecoso, de tal manera que siempre que nuestros dos superhéroes se hallen suficientemente alejados uno del otro se dé una de las siguientes cuatro posibilidades (en orden decreciente de dificultad, aunque esto es opinable, por supuesto): ambos cachondos, Mary cachonda y Hancock jaquecoso, ambos jaquecosos y, por último, Mary jaquecosa y Hancock cachondo. Ahora bien, algo sorprendente sucede a medida que se acercan más y más y se reduce la distancia que les separaba al principio. Tiene lugar una peculiar interacción mutua entre ambos que termina por establecer una misteriosa correlación entre el estado en el que se encuentran cada uno de ellos, pasando de los cuatro posibles ya vistos a solamente dos: si Hancock está cachondo le comerá la oreja a Mary y la convencerá para que ella también lo esté, pasando ambos a estado cachondo; en cambio, si Hancock ya se encuentra jaquecoso inicialmente, no habrá nada que hacer, pues ya se sabe cómo son ellas y acabarán, irremediablemente, los dos en estado jaquecoso.

Así pues, cuando Hancock y Mary han establecido esta íntima relación entre ambos, de alguna manera ésta se mantiene, haciendo que constituyan una pareja o, dicho en terminología cuántica, un sistema. Continuando con el símil, la susodicha relación juega el papel del entrelazamiento cuántico. Ya no hay forma de saber a priori quién de los dos está cachondo o jaquecoso. El sistema formado por nuestros superhéroes se encuentra en un estado borroso de superposición y la única posibilidad de averiguar el nivel de libido de cada uno consiste en realizar el test feromónico-sexual, lo que en mecánica cuántica se identifica con el proceso de medida. Dicho en idioma comprensible para no iniciados en los asuntos del chiki-chaka: el estado entrelazado que forman Hancock y Mary permanece indeterminado hasta que se averigua o se mide el de uno cualquiera de ellos. Antes de efectuar la medida, no sabemos si Hancock está marchoso o tiene dolor de cabeza (lo mismo se puede decir de Mary). Pero, en cambio, el estado de uno cualquiera de los dos queda perfectamente establecido en el preciso momento en que se mida, y cuando esto sucede, entonces ya no hay duda posible acerca del estado del otro. Sabemos con toda certeza que si Hancock está jaquecoso, Mary también lo estará y viceversa; en el caso de que Hancock esté cachondo, ella le corresponderá dulcemente. Hasta entonces ambos conviven en un estado de superposición que viene descrito por una función de onda que tiene una parte que corresponde a Hancock cachondo y Mary cachonda y otra parte que corresponde a Hancock jaquecoso y Mary jaquecosa, pero ninguno de los dos se encuentra definitivamente en uno de los dos estados: cachondo o jaquecoso.


Y aquí es donde se monta el pitote. Efectivamente, una vez que se ha establecido el estado entrelazado del sistema, éste se mantiene, independientemente de la distancia mutua que separe a ambas entidades, sean partículas o superhéroes. Ya pueden encontrarse a millones de kilómetros que lo que se le haga a uno lo sentirá inmediatamente el otro en el extremo opuesto del universo. Si conocéis unos tristes fundamentos de la teoría especial de la relatividad, lo anterior parece una violación flagrante del principio establecido por Einstein de que ningún objeto dotado de masa puede viajar más rápido que la luz ni tampoco se puede transmitir información a una velocidad superior a esos fantásticos 299.792,458 km/s. Así pues, ¿cómo se comunican Hancock y Mary o dos partículas entrelazadas cualesquiera, para que se den por enterados cada uno de ellos (en el acto) de lo que acaba de experimentar (el proceso de medida, propiamente dicho) o hacer el otro? ¿Estaba Einstein equivocado?


Juntos pero no entrelazados: ¿Tensión sexual no resuelta entre superhéroes cuánticos? (1ª parte)


John Hancock es un superhéroe atípico, venido a menos, borracho y ocioso. Un día se encuentra casualmente con Ray Embrey, el marido de Mary, quien le propone ser el asesor de su deteriorada imagen pública. Hancock acepta y, tras causar una serie de destrozos carísimos durante una de sus peculiares misiones, decide entregarse voluntariamente a la policía, aconsejado por Ray. Encarcelado durante una temporadita y dando muestras de haberse regenerado, le llega su ansiada oportunidad de reinserción. Un buen día se produce un atraco con rehenes y sus servicios son requeridos por la policía. El rescate es todo un éxito y Hancock es vitoreado y redimido. A partir de ahora será un superhéroe ejemplar.

Pero lo que de ninguna manera se esperaba nuestro amigo era que Mary, la preciosa mujer de Ray, también estuviese dotada de superpoderes semejantes a los suyos. Cuando Hancock descubre el asunto, su cabeza es un mar de dudas...


-Hancock: ¿Quiénes somos?

-Mary: Dioses, ángeles. Cada cultura nos llama de una forma. Aquí nos tachan de superhéroes.

-H: ¿Hay más?

-M: Había. Murieron todos. Quedamos tú y yo.

-H: ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué relación tenemos?

-M: Somos hermanos.

-H: Es mentira.

-M: No, soy tu hermana.

-H: Estás mintiendo.

-M: Soy tu hermana.

-H: Es mentira.

-M: No.


Este diálogo, como bien habrás identificado a poco friki que seas, está extraído obviamente de la película Hancock (Hancock, 2008), protagonizada por Will Smith y la neumática Charlize Theron, en los papeles de John Hancock y Mary Embrey, respectivamente.


En una desafortunada ocasión, Ray es testigo de las habilidades de su esposa. De regreso a casa, se encuentra con los dos superhéroes. Mary intenta explicarle lo inexplicable:


-M: Él y yo somos únicos. Los demás se emparejaron y murieron.


Y un poco más adelante:


-M: Seamos lo que seamos, fuimos creados a pares, ¿de acuerdo? Existe una atracción. No importa lo lejos que me vaya, siempre me encuentra. Aparece. ¡Es física!



Vale. Ya salió la palabra mágica. Ahora ya son míos...